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Maldita curolla y su magia

Plasmar una curolla en un artículo no es algo fácil. Puedes escribir artículos científicos, divulgativos, preparar una publicación científica, técnica o divulgativa o una clase destinada a un público universitario o profesional apoyándote en tu experiencia y conocimientos sobre el tema, pero tras leer la  definición de curolla me quedó claro que lo que debía plasmar en estas líneas debía nacer mi motivación personal. La curolla como neura, como manía, nace de una idea fija que incita de manera persistente a hacer algo, que marca el objeto de tus motivaciones. La mía es intentar hacer magia, en concreto, hacer que las piedras hablen y que la gente las escuche.

Cómo hacer que las piedras hablen…

Hacer hablar a las piedras puede resultar extremadamente complejo. Cuentas con recursos limitados, expectativas inciertas, habilidades especiales (poderes), buenos compañeros de viaje, y un montón de ganas. Con esta pócima, las probabilidades de éxito no siempre son halagüeñas, ya que con el tiempo aprendes, que aunque poseas todos los ingredientes, hacer magia no solo depende de ti, hay que pedir permiso.

También, descubres que el camino es largo, tortuoso, inclinado y serpenteante. Lo único que te mantiene a salvo, indemne, protegido, y que hace que te levantes mil veces es tu curolla.  Puedes renunciar a ella, puedes abrazarla, pero nunca permitir que te asfixie o te destruya.

Mi curolla comenzó cuando descubrí que tenía el poder que os comento, el de hacer hablar a las piedras y que otros pudieran escucharlas, entenderlas, y aprender con ellas. Descubrí que yo ganaba y crecía más personalmente a medida que las piedras hablaban, lo que me obligó a dejar un trabajo estable en una administración pública para dedicarme al mundo de la Arqueología, porque, según contaban, convertirme en arqueólogo, era la mejor manera de contactar con las piedras.

El caminar del curollista

Con mi curolla en la cabeza se inició la andadura profesional como arqueólogo a finales de los noventa en medio de un escenario desolador en el que imperaban la casi inexistencia de intervenciones arqueológicas, el escaso número y diversificación de proyectos culturales en los que pueden participar los profesionales de la arqueología, y con unas universidades escasamente abocadas al sector profesional de la Arqueología y el patrimonio. La administración de Cultura y las universidades se encargaban de gestionar los escasos fondos y proyectos culturales existentes, y los servicios arqueológicos y culturales eran moderadamente demandados por la sociedad.

También era notoria la escasa participación privada en materia de cultura y la sequía de fondos destinados a Gestión y Patrimonio Cultural tras los macro-eventos Expo 92 y Barcelona 92.
¿Cómo hacer magia entonces?

El mundo de la magia

Había que poner un pie en el mundo de la magia, y con algunos compañeros, con nuestro título en mano, obtenido en una facultad que sólo nos facultaba como historiadores, con todo ello, no sólo había que llevar a la práctica nuestra curolla, sino que además había que organizarse para trabajar de una manera eficaz y operativa en el mundo de la Arqueología.

Entonces, escogimos las armas y herramientas necesarias para llevar a cabo nuestro fin. Creamos un equipo de trabajo, y nuestra tarea consistió en formarnos, reactualizarnos y adaptar la metodología y la sistemática del trabajo arqueológico a la lógica, organización y gestión empresarial. Y cada uno de nosotros comenzamos a especializarnos en una disciplina de la arqueología para que sonara la magia.

El camino era lento, duro, pesado y plagado de complicaciones y problemas, aun así la retroalimentación que emanaba de los miembros del equipo nos daba fuerzas para continuar. Eso, y que coincidíamos todos en un punto común, teníamos una curolla similar en la cabeza. Y empezamos a hacer magia, y a aprender unos de otros, y del entorno que nos rodeaba.

Oportunidades

A partir de entonces, una incipiente actividad arqueológica en torno a actividades de urgencia comenzó a desarrollarse, espoleadas, por una lado, por la Ley de Liberalización del Suelo de 1998, como punto de partida de la burbuja inmobiliaria. Por otro lado, el incremento de fondos públicos de carácter estatal y autonómico, y por otros, inyección de Fondos Europeos al Desarrollo Económico, intervienen sobre el territorio, la cooperación y el desarrollo empresarial.

En este punto, la administración local empieza a requerir actividades, servicios, equipamientos e infraestructuras culturales y turísticas que posibilitaban llevar a cabo nuestras inquietudes, y no exclusivamente ceñirnos a la realización de actividades arqueológicas de urgencia, motivadas por el “boom” de la construcción, y por la ingente obra civil existente en este periodo. En este marco, la administración autonómica de cultura, cual gigante con pies de barro, se autoproclama como la primera Industria Cultural, gestionando la mayor parte de los fondos y proyectos a través de recién creados organismos autónomos.

Lugares sin magia

Lejos de parecerlo, nuestra curolla, el afán por hacer magia es limitado ya que, en numerosas ocasiones, intervenimos en espacios o lugares con proyectos de dudosa rentabilidad económica, cultural y social.

Esta etapa, en los primeros años del s.XXI, se caracteriza por un alto número de intervenciones arqueológicas de urgencia. Paralelamente se trabaja a nivel turístico y cultural en el diseño y la ejecución de proyectos cuyos planteamientos, en gran medida, estaban destinados a satisfacer fines personalistas, egos políticos o empresas faraónicas cuya utilidad social no está aún resuelta, y que exceden, o no satisfacen las necesidades del Patrimonio cultural, ni de aquellos que necesitan escuchar a las piedras.

Fue aquella, una etapa de mucho trabajo, crecimiento, desarrollo, de generar versatilidad, anticipación, de acumular experiencias y conocimientos transversales que indicaba que el momento real de hacer magia como había imaginado se acercaba. Personalmente, y aunque satisfecho por el nivel de trabajo, sentía que no era éste, aún no había llegado.  Y sencillamente, no había llegado porque en la mayoría de los proyectos culturales y turísticos en los que interveníamos no podíamos plasmar al 100% nuestra pasión, nuestra alma, nuestra magia.

También sabíamos que la mayoría de ellos iban a quedar abandonados, obsoletos, apartados, en manos de otros que no comprendían ni amaban el lenguaje de las piedras ni la vocación de poner en valor y transmitir la Cultura y el Patrimonio Arqueológico.

Piedras en el caminar

Después todo cambió, y todo lo que se había construido se abandonó, se infrautilizó. El paisaje cultural dio un giro inesperado. Las administraciones salvaban los muebles de una crisis financiera que arrasó el país y no volvieron a generar la oferta de actividades y servicios culturales, dando como resultado que un sinfín de recursos, instalaciones e infraestructuras de uso público quedaran en desuso y olvidadas.  Como resultado, las piedras volvieron a quedarse mudas, pero ya habían tocado el corazón de muchas personas que las habían escuchado, y habían crecido en curiosidad, conocimiento e interés con ellas.

Personalmente, para mí y mis compañeros, vivimos momentos muy duros, de falta de medios, de trabajo, de escasez, de despedidas de amigos y colegas de profesión, de desilusión y vacío por el derribo de lo anteriormente vivido y construido.

Pero la curolla llama, persiste y permanece, es insistente, devoradora, martilleante, y sigue dentro de ti tan profundamente que parece que naciste con ella y para ella. Te sonsaca, te anima a continuar, y como una voz que se clava en tus pensamientos, te recuerda una y otra vez que tienes la magia dentro, que no tienes otra opción que caminar hacia adelante. Te recuerda tu incondicional adicción a levantarte y trabajar en tu magia y en tus piedras, con lo poco que te queda, con los pocos que te quedan, y con el apoyo de los que te quieren, que es mucho. Maldita curolla.

El resurgir de la curolla, qual ave Fénix

Así, las crisis, además de sembrar el miedo, y la incertidumbre, se muestran como un estupendo semillero de innovación, creatividad, y un necesario estimulador de curollas y oportunidades. De trabajar para potentes y diversas empresas, fundaciones, administraciones, organismos, muchos profesionales de la arqueología nos convertimos en hacedores, creadores, diseñadores, ejecutores de actividades y servicios relacionados con la cultura, la difusión del patrimonio, el turismo cultural y la arqueología experimental. Todo esto contando con una preparación, una experiencia y un el conocimiento trasversal necesario para iniciar esta nueva travesía de manera autosuficiente, y con un público, con una sociedad, a las que las administraciones habían recortado la oferta cultural, y que se sentía ávida de ella.

Así, empiezas a tirar de tus sueños, de tus convicciones, de tu curolla personal, y renaces. Comprendes que ahora, aunque con menos medios, casi sin intermediarios, puedes hacer la magia que tú quieres, puedes hacer que las piedras hablen a través de ti, y que las personas que las escuchan se conmueven, se emocionan y se divierten con el Patrimonio mucho más que antes, sin artificios ni grandes planes. Y quieren más, te piden más, y te exiges más. Tu curolla, la que nunca te abandonó, te guía.

Una obsesión

Siempre me obsesionó mi curolla, que las piedras hablasen y los demás las escuchasen, transmitir lo que me apasiona y que la sociedad se apasione, y sientan, comprendan y amen la cultura y el Patrimonio. Mi curolla me impulsaba a aportar algo interesante y útil a los demás desde mi oficio.  Me empujaba a recomponer y reconstruir desde la Arqueología como ciencia, desde la investigación científica y la innovación técnica y empresarial cómo vivían, qué pensaban qué sentían, qué tocaban, a qué sabía y olía lo que comían y bebían las culturas y civilizaciones del pasado.

Actualmente el trabajo, el tiempo y el esfuerzo empleado son ingentes. Seguimos, cual Carandini, arrancando Historias de la Tierra, y he volcado todas mis ilusiones en reconstruir historias, materiales, texturas, espacios, aromas, sabores del pasado para darlos a conocer en el presente. Es la única forma que conozco de contribuir humildemente a la sociedad y crecer con ella como persona. Es el único camino que conozco de satisfacer y aplacar mi curolla. Bendita curolla.

Manuel León Béjar,

Arqueólogo

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