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Difusión del Patrimonio en las Redes Sociales

Cuando terminé la carrera, allá por el 2010, la información la podía extraer de los manuales o libros que los profesores nos recomendaban, de alguna página web, de los apuntes… Igualmente esa época fue el despegue de las redes sociales. Hacía poco que tenía una cuenta en Facebook, y no tardaría mucho en abrirme la de Instagram. Sin embargo, hoy vivimos a través de las redes sociales.

Hasta entonces para conocer el patrimonio (en su amplia concepción) teníamos que asistir a los museos, visitar algún yacimiento cercano que se hubiese musealizado (o no), acudir a conferencias, leer publicaciones impresas de asociaciones o instituciones, o ver algún programa especializado en la televisión o en la radio (medios de masas antiguos) o, últimamente, visitar su página web (quien la tuviera). Los museos, archivos, galerías eran templos que guardaban celosamente el conocimiento del pasado, esperando a que el público acudiera a ellos. La irrupción de Internet, pero sobre todo ahora la explosión de las redes sociales, ha cambiado el mapa del juego.

Generaciones presentes en las Redes Sociales

La convención por el patrimonio de la UNESCO de 1972 decía: “tenemos la obligación de identificar, proteger, conservar, rehabilitar y transmitir la herencia cultural del pasado de una comunidad, con la que vivimos en la actualidad, a las generaciones presentes y futuras ” (1). “Estas generaciones presentes” han cambiado. Ahora los jóvenes están imbuidos por un contexto digital completo, una cultura propia marcada por la tecnología: viven, conversan, se informan a través de las RRSS. La obtención del conocimiento se ha transformado: cuando queremos saber algo inmediatamente acudimos al móvil, lugar que contienen todas las app de las redes sociales. Por ello, las instituciones o museos, que siguen existiendo, han de cambiar sus protocolos de actuación, y ahora son ellos los que salen a buscar al público, y este público se encuentra aquí.

Los museos, entidades culturales e instituciones oficiales tienen la oportunidad como nunca antes de establecer un diálogo constante, inmediato y bidireccional -sin limitaciones en el tiempo ni en el espacio- con el público, ya no tradicional, de alta cultura, sino con todo tipo de público. Por tanto, las redes han acercado el patrimonio, haciéndolo más accesible.

En muchos casos, las visitas de los usuarios/visitantes a las cuentas de los museos y demás superan el número de visitas a las propias webs, dejando éstas simplemente para informar sobre la propia entidad.

Entidad patrimonial

Muchas veces, una “entidad patrimonial” puede hacer uso de diferentes redes, ya que cada una de ellas tiene unas características y una difusión diferente. Por ejemplo, como se ve en la imagen, extraída de la web del Ministerio de Cultura (2), casi todos los museos estatales usan Facebook y Twitter (muy pocas tienen una, en este caso siempre es la primera). En el otro extremo, pocas son las que usan más de cuatro redes, que viendo qué museos son, nos resulta extraño. Estos son los menos conocidos (Museo Nacional de Artes Decorativas y el Museo Nacional de Escultura). La red que menos se utiliza es Instagram.

Si análizamos el ámbito insular (3), el mayor uso se centra en: Facebook (25 de ellos), Twitter (12) e Instagram (5). Solo cuatro usan las tres al mismo tiempo (Museo Es Baluart, Museo Sa Bassa Blanca, Museo Arqueológico de Son Fornés y Can Prunera. Museo Modernista) (4).

Por otro lado, la mayor tarea del patrimonio es su conservación, tarea que siempre ha recaído en el Estado, o en el mejor de los casos en mecenas particulares. La tecnología ha llevado a la comunidad a que se implique en dicha conservación; primero difundiéndolo, luego concienciando a la gente, para después acabar protegiéndolo. En este caso podemos nombrar a @patrimonioparajovenes (5), bajo el cual se han juntado una serie de amigos con un mismo interés: la difusión del patrimonio local a los más jovenes. Por consiguiente, esta prerrogativa ya no es “patrimonio” de las organismos oficiales. Las RRSS han dado voz a personas, asociaciones de amigos o asociaciones comunitarias. Tenemos un patrimonio tan grande que las instituciones no pueden llegar a todos los rincones, y es en esos casos donde dichas redes han ayudado a tal difusión y concienciación de la población local.

Las redes sociales como el único medio para la visivilización

Hay yacimientos, muchos, que también están presentes en las RRSS, y en muchos casos es el único medio posible de visibilidad. Bien sea dirigido por el equipo de arqueológicos que lo excavan o una asociación de amigos del yacimiento. En Mallorca encontramos el de Closos de Can Gaià (Portocolom). Este projecto tiene la cuenta del yacimiento (@projecte_closos) y la cuenta de amigos del yacimiento (@amicsclosos); o el de la ciudad romana de Pollentia (@pollentiaciudadormana). El objetivo de estas cuentas pueden ser tanto divulgativo como de obtención de financiación. Gracias a Internet la comunidad puede colaborar con micromecenazgos.

El gran beneficio que ha sido Internet y las RRSS lo encontramos en las personas que han podido desarrollarse profesionalmente. Han dejado de depender de las instituciones. Muchos han visto una salida en este medio para mostrar su pasión, divulgar contenido -y a veces crearlo-. Se estan ganando la vida con ello -dentro de la hecatombe que fue la crisis-. Se han visivilizado y algunos tienen la fortuna de encontrar trabajo, diremos que en la “vida real”.

Temas concretos

Muchas cuentas tratan el patrimonio por épocas o temas concretos (@edaddepiedrahaedo, @egiptologia, @hispaniaromana o @historia_belica. Queda claro con los nombres el tema del que tratan. Otros se agrupan en intereses de estudio e investigación como GRESMED. Estudis medievals (UIB) en Facebook), o reúnen a profesionales de una misma disciplina (@arqueologos o @archaeometric. Ambos con profesionales de la arqueología, o los antropólogos. Agrupados en la Asociación de Antropólogos Iberoamericanos en Red, con una cuenta en Facebook).

Además, los hay que prefieren dedicarse a la didáctica y a la educación en patrimonio (@arqueoeduca, @diverarqueologos, @arqueologia.paleorama. Estos últimos vienen enseñando Arqueología desde 1994, adaptándose siempre a los últimos tiempos, o los propios de Aldarq). Intentan acercar la historia y el acervo cultural a todo tipo de público de forma amena y divertida. Desechan antiguos protocolos de “escuchar-leer” sin intervenir.

Igualmente, podemos encontrar cuentas en las que ofrecen sus servicios. Convirtiendo las RRSS en una herramienta de marketing, llegando donde antes hubiera sido totalmente imposible, limitándose exclusivamente a su localidad. Aquí podemos diferenciar entre los servicios especialistas (servicios de arqueología: por ejemplo cuando se hace una construcción y aparecen restos, o pueden ser contratados por algún ayuntamiento; o servicios de restauración en un sitio emblemático) y los servicios de gestión turística. Estos últimos aprovechan su conocimiento del terreno para elaborar rutas patrimoniales, históricas o arqueológicas; centrando su interés en el atractivo que ahora generan los bienes culturales para los viajeros. Esto ha provocado debates entorno al impacto que el turismo [cultural] de masas pueda generar en el patrimonio (véase el caso de las cuevas de Altamira).

La democratización del Patrimonio

Finalmente, la democratización del patrimonio ha creado nuevos debates con opiniones enfrentadas. Por un lado, los que están a favor del uso ilimitado de estas redes. Estas amplían tanto el número de público (y su origen, internacional, como su rango educativo) como la información disponible. Por el otro, los que se oponen argumentando que esta democratización puede llevarnos a información poco fiable o poco rigurosa. Argumentan que la interpretación y la manipulación puede ser errónea, gestionada por personal no cualificado o de otras áreas de conocimientos, ya que Internet no distingue quién es el que escribe. Otro argumento negativo que evidencian es la servidumbre comercial del patrimonio. Esta tiene el objetivo no de divulgar, sino de ganar beneficios económicos.

Sea como fuere, las redes sociales han abierto al mundo todo el conocimiento de la humanidad. Cualquier persona puede informarse de algo que esté al otro lado del mundo, solo a través de un click. ¿Quién no conoce las pirámides de Guiza o los templos de Angkor sin haber estado nunca allí? Ese es el gran logro.

Cristina Martínez Núñez

Master en Arqueología, UGR.

(1) http://portal.unesco.org/es/ev.php-URL_ID=13055&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html

(2) www.mecd.gob.es/servicios-al-ciudadano-mecd/redes-sociales/museos.html

(3) Según el Ministerio de Cultura, en Baleares hay 57 museos o entidades culturales.

(4) Web de la Consellería de Cultura de Mallorca.

(5) Si no se dice lo contrario las cuentas con @ son de Instagram.

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