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Nuestro patrimonio es observado de manera continuada desde diferentes perspectivas a cada cual más interesante. Pero aún lo es más cuando la mirada  proviene de un niño, su prisma se amplia y adquiere mil matices de los cuales normalmente no somos conscientes aquellos más adultos, incluso entre los que trabajamos en educación.

La educación patrimonial como tal es un campo novedoso que ha generado e innovado numerosas acciones educativas y pedagógicas  cuyos receptores más jóvenes suelen encuadrarse en la educación primaria. ¿Pero es posible incorporar acciones, programas o actividades entre los más pequeños? ¿ Entre aquellos que recién se incorporan a la educación infantil?. La respuesta es sí. La conciencia del pasado resulta de vital importancia tanto para el niño como para la sociedad de la cual forma parte.  Los niños ya  desde los 3 años  pueden interpretar  las huellas del pasado a través de una didáctica lúdica  y  atractiva permitiendo un aprendizaje a través del juego.

Quizás son estas edades las más idóneas,  pues recién comienzan a descubrir su entorno, de un modo experimental y sensorial. Supone una edad determinante para que los niños puedan satisfacer la necesidad de descubrir y explorar el mundo que les rodea a través  de los objetos. Los interrogan a través de los sentidos, manipulándolos, sintiendo sus texturas, formas y apariencias. Comienzan a adquirir nociones tan importantes como volumen, color e incluso equilibrio.

Educación patrimonial, en un entrono immediato

Si extrapolamos todos estos conceptos y volvemos al campo de la educación patrimonial,  el niño encuentra en su entorno físico y humano habitual, numerosas ocasiones para investigar su patrimonio.

Toda historia por pequeña que sea ha dejado su huella, los objetos y edificios son testigos de existencias anteriores. El propio espacio que lo envuelve  como su calle, su barrio, o su pueblo cuenta con un pasado patrimonial que le permite revivirlo y experimentarlo creando en él un vinculo afectivo que nunca desaparecerá.

Actualmente la educación patrimonial y su tratamiento está vinculado a educación Primaria y no en toda su extensión e inexistente en el currículo de educación infantil. Asimismo pocos son los programas o actividades didácticas externas que apuestan por estas edades quedando un poco al margen de propuestas motivadoras y accesibles.

Queda por tanto  reflexionar sobre la importancia de que nuestros niños conecten de un modo temprano con el patrimonio que le rodea y ver la forma de generar acciones para que estos también participen del mismo, dentro y fuera de nuestros centros escolares. Una tarea de observación que se está haciendo des del Observatorio de Educación patrimonial en España.

Nuria Jiménez Pozo,

Arqueòloga i impulsora de Gestión Diversa

Educación patrimonial

Educación patrimonial. Practicando sobre viejas técnicas.